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anti-dinero

Gran subasta //

La gran subasta anti-dinero de Inmersiones 2013.

● DETALLE DE LA ACTIVIDAD:

La gran subasta anti-dinero de Inmersiones 2013 será una subasta pública de obras de arte y otros objetos personales (o impersonales) de artistas. La subasta se realizará el próximo día 13 de diciembre a partir de las 8 de la tarde  en ORTZAI teatro (calle Pintorería 39, bajo, de Vitoria-Gasteiz).

La gran subasta anti-dinero de Inmersiones 2013 no será una subasta real sino una representación de una subasta.

No obstante lo cual, los objetos a subasta sí serán perfectamente reales,  e incluso auténticos. Los postores, valga la redundancia, serán también auténticos (o al menos eso espera la organización) y las transacciones serán también plenamente eficaces y auténticas: se transmitirá legalmente la propiedad de los objetos a subasta a cambio de la satisfacción efectiva del precio que alcancen en el transcurso de la misma.

La subasta será pública y las transacciones se realizarán in fraganti e in situ. Los objetos subastados se entregarán en mano junto con su correspondiente factura, más un certificado de autenticidad expedido por la organización y firmado por los/as artistas cesionarios. La contraprestación económica se realizará en efectivo. No se admitirán pagos con dinero electrónico ni cualquier otro medio o representación de precio: cheques, pagarés, etc. No se admitirán tampoco pagos aplazados.

Los artistas cesionarios de obras y objetos no recibirán compensación económica. El destino final de todo el dinero recaudado en la subasta no será el bolsillo de los artistas que cedan sus obras u objetos. La organización no obtendrá ninguna comisión por el dinero recaudado en la subasta.

Todo el efectivo será introducido en el interior de una caja metálica que será sellada mediante soldadura a la vista del público asistente. Por el mismo procedimiento se fijará una placa metálica a la caja que informe de la cantidad de dinero contenido. Dicha caja será entregada en depósito permanente a una institución local de arte, un museo de arte contemporáneo o institución similar.

La organización de Inmersiones 2013 y de la gran subasta anti-dinero no contempla la exigencia de ninguna condición de ningún tipo a la institución receptora de dicho depósito. El modo final de recepción de “la caja” por parte de la institución receptora, el hecho de que sea recibida como obra de arte colectiva y anónima, como objeto curioso,  documento, o finalmente, como donativo de dinero en efectivo o cualquier otra fórmula, quedará a discreción de la entidad receptora.

Dicho lo cual, la organización desea expresar su deseo de que nunca se ponga en venta dicha caja ni se haga uso de su contenido como dinero en sí.

Bases.
Hoja de inscripción.

 

● RELATO: Gran subasta anti-dinero de Inmersiones 2013. Sobre cómo matar dinero y qué hacer luego con el muerto.

martillero_y_asistente_tecnico

Rubén Díaz de Corcuera en el papel de martillero de la subasta. Al fondo Nerea Lekuona sostiene un cuadro de bolsillo del pintor Jokin Lara. Escenario de la subasta: ORTZAI teatro.

Realizamos la gran subasta de arte de Inmersiones 2013 para captar dinero con la finalidad anunciada de aniquilarlo. La forma de aniquilación debía ser proporcionada por el propio sistema del arte. Se trataba, en resumen, de obtener dinero subastando obras de arte para ingresar ese dinero como arte en un museo.

La palabra espejo y la palabra especulación tienen la misma etimología, el verbo latino specio/specere (mirar). Especular es el acto de buscar ganancias en operaciones comerciales o económicas, la acción de modificar la percepción del valor de los bienes con el propósito de alterar al alza sus precios y, por ese medio, obtener beneficios. Especular es además, el acto de considerar filosóficamente, de investigar con fines exclusivamente teóricos. Y speculum es también, como todo el mundo sabe, ese extraño instrumento capaz de devolvernos nuestra propia mirada.

La gran subasta de Inmersiones 2013 se planteó como campo de juego especular en los tres ejes arriba indicados.

● Preparativos de la subasta.

La convocatoria para artistas se lanzó en el mes de noviembre. Solicitamos a artistas de nuestro entorno la donación de obras de arte (u otra clase de objetos curiosos) en el entendido de que el dinero recaudado sería introducido en una caja metálica que se entregaría a un museo de arte contemporáneo, probablemente en calidad de obra de arte. Lo único que los artistas obtendrían como compensación por la aportación de una obra a la subasta sería su inclusión en una relación de donantes.

Se pedía asimismo una ficha con una descripción de la obra y la indicación del precio de reserva o salida. Toda esta información se incluyó en el libro de subasta alojado en la página web de Inmersiones 2013 (https://inmersiones2013.wordpress.com/libro-de-puja/).

En un plazo inferior al mes reunimos 36 piezas.

● Desarrollo de la subasta.

Comenzó en torno a las 20 horas y finalizó sobre las 21:30 horas de un lluvioso viernes 13 de diciembre.

La artista Nerea Lekuona, como parte del grupo motor de Inmersiones había propuesto incluir Herri Kirolak en la subasta. En concreto la modalidad de arpana o trontza (Nerea Lekuona y Fernando Vélez de Mendizabal son actuales campeones de tronza mixta por parejas de Álava). Siete troncos de chopo previamente intervenidos por siete artistas locales fueron rebanados ante el público por el tándem deportivo que forman Fernando y Nerea. Resultaron algo así como siete enormes monedas. Dinero vasco, pues. O, por lo menos, de Bilbao. Al final las trontzas no se subastaron sino que se sortearon entre los postores. Los troncos fueron intervenidos por Anabel Quincoces, Arturo/Fito Rodríguez Bornaetxea y Miguel Alfredo Hernández Busto (Zirika) entre otros artistas.

A continuación tuvo lugar la subasta. Los papeles de la obra se repartieron dentro del grupo motor de Inmersiones 2013: la versátil Nerea Lekuona como asistente técnica, Cristina Arrázola-Oñate como eficiente secretaria y Rubén Díaz de Corcuera como martillero y animador.

El carácter teatral y paródico del acto se veía reforzado por la elección como lugar de la subasta del bonito escenario de ORTZAI teatro en la calle Pintorería, número 39.

La subasta se desarrolló en un ambiente festivo. El local estaba lleno. Desde el principio se presentó una animada competencia. Hubo situaciones cómicas, algunos imprevistos, improvisación, suspense.

● Anecdotario.

La primera obra a subasta pertenecía al propio martillero, que también es artista. El precio de salida estaba fijado en el coste literal de la pieza: marco acristalado y copia impresa del original digital. Total 18,49 €. Se subastó por unas tres veces ese importe.

La obra de Jokin Lara, un cuadro de minúsculo formato (un cuadro de bolsillo, según denominación del mismo artista), se subastó por su precio de reserva de 60 €, uno de los más altos de la subasta. Una prueba más de que el tamaño no importa.

Aunque el compromiso de la organización era el anonimato de los postores, un lapsus del subastador dejó al descubierto la identidad del comprador de la fotografía de Joserra Puelles titulada “País de pandereta”: el artista Iñaki Larrimbe (del que previamente se habían subastado dos de los bocetos preparatorios de “Feria”, su reciente exposición en ARTIUM).

La obra de Agustín García, titulada “Antagónico”, consistía literalmente en billetes y monedas por valor de 197,5 euros, el importe neto de sus honorarios como ponente en el congreso Inmersiones 2013 del día siguiente. El precio de reserva fijado por Agustín para esta obra era de un céntimo de euro, el mínimo efectivo posible. Tras un lento acercamiento a la cifra crítica, la pieza fue finalmente rematada en la cantidad de 200 €. El comprador utilizó la misma obra, y 2,5 euros que añadió de su bolsillo, para pagarla (¡nótese el hecho insólito de que una obra sirva para pagarse a sí misma!). La obra de Agustín quedó por ese inesperado procedimiento, inseparablemente adherida a otra obra, el dinero resultante de la subasta, residuo, a su vez, de una obra mayor: la gran subasta.

Fausto Grossi subastó un fajo de fotocopias manipuladas de billetes de cincuenta euros. Por indicación expresa del artista debía subastarse al mejor impostor. Como se presentaron demasiados candidatos, al final optamos por repartir los billetes hasta agotar el fajo.

Ricardo San Segundo subastó un billete griego antiguo de 25.000 dracmas. Sobre el billete se habían escrito a mano con rotulador indeleble las palabras: cinco euros. En el reverso se informaba igualmente de que el autor se comprometía a hacer efectivo dicho importe al portador del billete. El precio de salida del billete intervenido, cuyo título era “Dinero particular”, era de diez euros.

La obra de Natxo Rodríguez Arkaute consistía en una fotografía de la Barbie “Quiero ser profesora de dibujo”, una increíble oferta a la baja de unos conocidos grandes almacenes. Muchos pensaron que lo que se subastaba era el juguete y no la fotografía.

Mary Zurbano subastaba una trampa para ratas evasoras con un billete de quinientos euros en lugar de queso.

The Lauky Factory envió a subasta una auténtica lata de SPAM.

El artista Ibon Sáenz de Olazagoitia subastó una libreta cuya portada estaba personalizada con una gota de su propia sangre. La obra, titulada “Cero negativo”, el grupo sanguíneo del autor, se subastaba por el precio de una bandeja de 100 gramos de jamón de York, compensación más o menos simbólica en forma de vale de supermercado que actualmente dan a los donantes en los bancos de sangre de Álava. Antes daban un bocadillo. La obra se debía adjudicar al primero de los postores en adivinar el precio exacto de la bandeja. La libreta incluía en su interior el vale.

Fernando Iglesias, envió a la subasta unas zapatillas marca Converse y una camiseta, personalizadas por el propio artista con retratos de ex presidentes del gobierno. El hecho de que camiseta y zapatillas estuvieran usadas (circunstancia reconocida por el propio artista como parte del proceso artístico), añadía, si acaso, un plus de personalización a la obra. Usadas pero limpias.

La fotografía de César San Millán titulada “Sequía” fue erróneamente fechada por el subastador en al año 1978 (en realidad era del año 1998), lo que con toda probabilidad hizo aumentar su valor. De hecho se remató por doce veces su precio de reserva establecido en 10 euros. El cristal que protegía la obra se rompió por accidente y hubo que descontar del precio final el importe de un nuevo cristal (que fue averiguado al instante).

De las 36 obras a subasta sólo hubo que devolver cinco a sus autores.

La recaudación final ascendió a la cantidad de 1015,17 euros (resultado de descontar a los 1033 euros recaudados inicialmente, el precio de un cristal).

Apenas finalizada la subasta se introdujo el dinero en un cilindro de acero. Se grabó en la tapa roscada la cifra contenida (1015,17), se cerró el cilindro y, finalmente, se le aplicaron unos puntos de soldadura y lacre.

El artífice del cilindro y también su ocasional soldador, Ernesto Iriarte, fue pagado por sus servicios allí mismo, delante del público.

● Reflexiones.

La gran subasta se trataba, al fin y al cabo, de una operación anti-dinero que debía realizarse en el interior del sistema del arte y con el concurso necesario de una institución de arte.

Normalmente sale dinero del museo para adquirir obra. Sale dinero del presupuesto del museo y entra obra a cambio. Obra que le cuesta dinero al museo. La gran subasta de Inmersiones proponía exactamente lo contrario. Que entrara dinero al museo como obra, y que, paradójicamente, al museo no le costara ni un euro. Las obras de arte con las que se iniciaba el proceso pasaban, por contra, a manos de coleccionistas privados.

Lo que empieza como arte se transforma en dinero durante la subasta para finalizar de nuevo como arte en el museo (una vez aceptado el dinero como obra).

La subasta tiene un componente sacrificial. La mesa de subastas es una especie de tabernáculo y el martillo una especie de cuchillo. Los artistas que concurren a la subasta, entre los cuales muchos con dificultades económicas, pierden obra y dinero, sacrifican el justiprecio de su obra (alcanzado en el mercado) a cambio de nada. A cambio, en todo caso, del improbable capital simbólico obtenido por su participación colectiva en este complot.

Se sacrifica también el dinero mismo. Se le inmoviliza, secuestra, encarcela o mata, como se prefiera.

Hay sacrificio, transgresión y, se diría que, hasta sacrilegio. Porque ¿qué hay más sagrado que el maldito parné en estos tiempos?

● Alternativas en el proceso de subasta.

En algún momento se barajó la posibilidad de proceder a la subasta de todo el utillaje material y conceptual implicado en la acción de subasta: martillo y base utilizados por el subastador, el diagrama del proceso, el libro de subasta, el guión, etc. Subastar la subasta dentro de la propia subasta.

Nos planteamos también la posibilidad de subastar al final de la subasta el dinero resultante de la misma (transformado en objeto artístico después de su confinamiento).

El artista Juan Carlos Román planteó la posibilidad de subastar el producto de la subasta entre museos de arte contemporáneo. El precio de salida debía ser, obviamente, el importe del dinero incluido en la obra más los gastos de producción. Cualquier cifra alcanzada en la subasta por encima de dicha cantidad podría considerarse, según Juan Carlos, el plus valor del arte, el valor y precio reconocido a la obra de arte como tal. Sugería también la posibilidad de volver a introducir en un nuevo contenedor el dinero recaudado, y de subastarlo de nuevo, iniciando de esa manera un ciclo especulativo sin fin.

La artista Ainhoa Ortells proponía invertir en obras de arte el dinero recaudado en la subasta y subastar esas obras al año siguiente en otra “Gran subasta anti-dinero”.

El fotógrafo Josean Pablos proponía una variación sobre el mismo tema. Ingresar en una cuenta bancaria el dinero obtenido en la subasta. Emitir un cheque por dicho importe. Enmarcar el cheque y subastarlo entre museos. Ingresar el dinero obtenido por ese cheque en una cuenta. De nuevo emitir un cheque por esa cantidad, enmarcarlo y rematarlo en una nueva subasta. Y así, ilimitadamente. El resultado: una serie de obras cheques referenciadas todas ellas a una cantidad fluctuante de dinero electrónico alojado en alguna cuenta bancaria. Según Josean el desarrollo de esta propuesta conduciría a una espiral de especulación pura.

Apreciamos en lo que valen todas estas propuestas y el interés que denotan en nuestra iniciativa. Pero la intención de la gran subasta era inmovilizar dinero, no reproducirlo. En términos aritméticos: restar y no multiplicar. Hacer ingresar dinero al circuito del arte evitando que, simultáneamente, lo hiciera al circuito del dinero. Que fuera imposible, en definitiva, traducir a dinero el valor artístico de la obra.

Precisamente por el uso que hacíamos del dinero en la obra. Precisamente por hacer arte con dinero renunciando en ese caso concreto a hacer dinero con el arte.

● ¿Y qué hacer con el muerto?

El contenedor del dinero y su destino merecería capítulo aparte. Considerábamos que era necesario finalizar la subasta introduciendo el dinero en alguna clase de objeto. Nos hacía falta una pequeña caja fuerte, algún contenedor que permitiera salvaguardar el dinero hasta su ingreso en el museo.

Nerea Lekuona hubiera introducido el dinero en resina de poliéster. Apreciaba la necesidad de que el dinero fuese completamente visible pero inasequible.

El resto del equipo pensábamos que era mejor inutilizarlo sólo conceptualmente.

La elección de la forma cilíndrica fue más bien circunstancial. El cilindro se confeccionó a partir de un fragmento de tubería. La inspiración en este caso provenía de las populares cápsulas de tiempo.

Iñaki Larrimbe fue el primero en considerar lo innecesario de un contenedor. En su opinión la obra resultaría más pura y también más provocativa sin continente alguno, desprovista de cualquier clase de envoltorio “estético”. Alternativamente nos proponía entregar el dinero en el interior de una caja de seguridad. Abundando en la boutade de usar el museo como banco.

Para Arturo f. Rodríguez lo realmente importante era la hoja de ruta y el plan de acciones futuras que necesariamente debían acompañar a la obra.

La posibilidad de volver a traducir la obra a dinero en determinadas circunstancias, se consideró interesante.

Finalmente, el cilindro y/o su contenido, se entregarán a una institución de arte contemporáneo en calidad de obra de arte, bajo las siguientes condiciones: en depósito y con derecho de rescate para el colectivo depositario.

Título de la pieza: “1015,17 euros: Obra en depósito”.

● Relación de donantes:
Nerea Lekuona, Pili Aguado, César San Millán, Fernando Iglesias, Ibon Sáenz de Olazagoitia, Ernesto Iriarte, María Uriarte, Jon Gorospe, The Lauky Factory, Mary Zurbano, Natxo Rodríguez Arkaute, AMASTÉ , Vega García, Ricardo San Segundo, Bubble Business, Virginia Lekuona, ARMAR, Miguel Ángel Herrera, Juan Luis Díaz de Corcuera Uribe-Etxebarría, Fausto Grossi, Juan Aizpitarte. Agustín García García, Chelo Matesanz, Miguel Alfredo Hernández Busto (Zirika), Joserra Puelles, Juan Carlos Román, Iñaki Larrimbe Ibáñez, Jokin Lara, Rubén Díaz de Corcuera.

Libro de subasta: https://inmersiones2013.wordpress.com/libro-de-puja/

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